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EL CORRESPONSAL

El mar se come las playas canarias: 4 metros menos en Neptunia

El mar se come las playas canarias: 4 metros menos en Neptunia

NEPTUNIA (2301) El aumento del nivel del mar es globlal y en Canelones ya se está produciendo un aumento en el nivel del mar. Eso afectara la economia por la afectacion del rubro turismo de playa.

Un 70 por ciento del Producto Bruto Interno (PBI) se genera en la zona costera a traves del turismo, pesca, transporte marítimo, forestación, infraestructura, industrias y

urbanizaciones. Hay ambientalistas que advierten que no se están tomando las previsiones para adaptar la costa al cambio.

Canelones donde se cultiva la mayoria de las frutas y verduras que consume Montevideo, sufre la peor sequía de los últimos 20 años. Hay pérdidas estimadas en 280 millones de

dólares en el sector agropecuario, generado por una mezcla de cambio climático e imprevisión. Otro fenómeno igual de grave, aunque menos tangible, por lento y sistemático, el

aumento del nivel del mar y de la erosión costera. El Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) -en el informe Uruguay en 2007- advirtió del cambio climático aquí y

ahora. Arenas mojadas, médanos desaparecidos, construcciones arrasadas y miles de dólares invertidos por la Comuna Canaria no logra evitar que el mar se trague la costa.

Se comprobó que hay 4 metros menos de playa en Neptunia (Canelones), alrededor de 1 metro entre el balneario Solís y playa Hermosa (de lado de Maldonado).

 “La Floresta y Solís necesitan atención urgente pero se debería intervenir en gran parte de la costa para recuperar las playas”, dijo el especialista en geomorfología costera Daniel

Panario" dijo a http://www.analisisdigital.com.ar/ . Las playas de ambos balnearios están al borde de la defunción, dijo el experto. Neptunia, Atlántida, Cabo Polonio y la zona de la

desembocadura del río Santa Lucía llevan el mismo rumbo.

El panorama es sombrío: por cada centímetro que suba el mar, se come 17 metros. Y lo peor es que “no se están tomando las previsiones para adaptarse. Acá todo ocurre como si

no pasara nada”, criticó Panario, a cuyo juicio la recuperación sería sumamente difícil y costosa. La degradación ocurre cuando el nivel del mar sube cauce adentro producto de un

temporal, explicó el experto en agroclimatología Mario Caffera. Debido a la agresividad y periodicidad del fenómeno, el agua avanza cada vez más y, cuando se retira, se lleva más

arena a las fauces marinas. El resultado es que la playa queda inutilizable para los bañistas y propietarios de viviendas sobre la franja costera.

Para el ingeniero agrónomo Walter Oyhantcabal, director de la Unidad de Proyectos Agropecuarios de Cambio Climático del Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca (MGAP),

la variabilidad de los efectos en las playas dependerá de su “estado de salud”. Las más protegidas serán aquellas que no estén en áreas muy bajas y que cuenten con dunas

resistentes a las crecientes y a los temporales que serán cada vez “más frecuentes y más intensos”, al igual que las sequías.

“El cambio climático impactará negativamente sobre el turismo, los empleos asociados a estos, las viviendas del área y toda actividad económica que allí se realice. Son recursos

muy valiosos que no nos podemos dar el lujos de perder”, advirtió.

En calidad de experto y vecino del balneario Solís, Oyhantcabal manifestó que la peor parte la sufre la playa Mansa, a la altura de la Colonia de Vacaciones y el hotel Alción;

mientras que “el Club Balneario Solís cada vez está más expuesto a su colapso” debido a la erosión de la duna.

Lo mismo ocurre en La Floresta, donde el retroceso de las barrancas ya ha afectado al camino pavimentado. Según Oyhantcabal, los síntomas de degradación más visibles son la

pérdida total o parcial del cordón de dunas primarias y hasta de las secundarias (más altas que las primeras), invasión de especies vegetales no deseables (como acacia y pinos),

pérdida de pendiente, estado permanentemente mojado, aparición de zanjas por escurrimiento de agua de lluvia de áreas urbanizadas y pérdida de más arena de la que gana por

aporte marino, entre otros.

Panario afirmó que los espigones colocados durante la década de 1960 no ayudaron a controlar la paulatina y destructora acción del agua. En su lista de decisiones “infelices”

adoptadas por las autoridades con relación a las costas, también figura la construcción de paradores, fraccionamientos y forestaciones en lugares inapropiados, porque aceleran la

devastación.

Para mitigar el fenómeno y evitar males mayores no basta con combatir la emisión de gases de efecto invernadero: “Hay que diseñar medidas de adaptación”, advirtió el ingeniero

químico Luis Santos, técnico de Unidad de Cambio Climático de la Dirección Nacional de Medioambiente (Dinama). “Hay que incorporar medidas de adaptación a las normas

relacionadas con el ordenamiento territorial y la gestión costera”, añadió, durante un seminario organizado en Maldonado a fines de 2008.

Oyhantcabal coincidió en cuanto a la necesidad de contar con una legislación específica de “gestión sostenible” de los recursos costeros. Más práctico, Panario propuso que se

ubiquen hojas de palmera y vegetación autóctona en los lugares por donde se escapa la arena, al igual que estacas. Esto se ha estado aplicando en las playas montevideanas de

Pocitos, Malvín, Buceo y Ramírez –bastante estables en comparación con las del interior–, y en la costa canaria con buenos resultados. “Costa Azul se recuperó un poco”, apuntó y

agregó que estas prácticas no se han generalizado por motivos presupuestales y por falta de conciencia verde.

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