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EL CORRESPONSAL

Contribución a la historia de la ciudad de Soca (III)

SOCA (8102) por el Prof. Lic. Uruguay R. Vega Castillos. B) El proceso fundacional. Los pasos ante las autoridades. Corría 1783, cuando Zenón Burgueño, hijo de Tomás Burgueño, persona de gran inquietud y aplicado a la realización de obras humanitarias, da principio a la fundación de un pueblo, que estaría ubicado en las inmediaciones del arroyo Mosquitos.
(Expediente caratulado “Don Zenón Burgueño solicitando autorización para fundar un pueblo con el nombre Santo Tomás de Aquino. 29 de diciembre de 1876)
Según establecía el documento el sitio escogido poseía las condiciones necesarias, ventilación y salubridad, así como abundancia de agua, teniendo fácil acceso hacia el camino Real a Maldonado, y se hallaba rodeado de tierras fértiles, en actual labranza con excelentes resultados.
Decidido a continuar con la idea de fundar un pueblo, Burgueño da comienzo a la construcción de una Iglesia, alrededor de la que se instalan los servicios primarios tales como comisaría, juzgado de paz y a partir de 1876 escuela pública. Lo secundan los primeros pobladores: Higinio Vázquez, Isidro López, Martín Rey, José Mira, Constancio Jaurena, Feliciano Barba y Miguel Rodríguez.
El 30 de setiembre de 1876, Zenón Burgueño, comienza los trámites legales. En primer lugar, solicita al Escribano Ricardo Xammar la realización  de un poder a favor de Justo Maeso “para que en su nombre y representando su propia persona acciones y derechos como se presente fuese gestione ante el Superior Gobierno la creación de un pueblo bajo la denominación de Santo Tomás de Aquino.”
(Poder Especial en Expediente citado)
El 29 de diciembre de 1876, Justo Maeso eleva al Ministerio de Gobierno una Nota donde expresa:
“se presenta y dice: que mi representado es propietario por herencia de un campo, en el distrito de Mosquitos en dicho departamento que hace unos tres años el Señor Burgueño inició la fundación de un pueblo.” A continuación de describir el lugar agrega “En la realización de aquel pensamiento progresista…se ha dado hace tiempo principio a la construcción de una Iglesia alrededor de la cual hay ya concluidas y habitadas, diez y seis casas sobre diversos frentes de las calles trazadas.”
(Expediente citado)
“El Señor Don Tomás Burgueño al presentar esta solicitud hace perpetua donación al pueblo como propiedad pública, de cuatro solares, con un frente de veinte metros por cincuenta de fondo cada uno.”
(Expediente citado)
La Dirección General de Obras Públicas, dictamina por oficio de fecha 17 de enero de 1877 que “Debe probarse la propiedad del terreno sobre que va a continuarse el pueblo y determinar el área que se le asigne.”
“Debe designarse la ubicación de los solares que para los edificios públicas se donan faltando entre los mencionados el terreno para cementerio público…”
(Expediente citado)

“Si el pueblo no existiese aún insistiría esta oficina en que se adoptara para él el proyecto general que para la fundación de pueblos han sometido a la aprobación de V.E.”
“Pero, desde que el pueblo existe ya de hecho”…”La Dirección…comparte la idea de que es necesario estimular la creación de pueblos.”
(Ibídem)
El 26 de enero de 1877, la Dirección de Obras Públicas notifica a Maeso, las objeciones. El 2 de mayo de 1877, el apoderado de Burgueño responde:
“Que en cumplimiento de los requisitos exigidos por la Dirección General de Obras Públicas, viene a presentar a V.E. los títulos de propiedad de terreno en que está construido dicho pueblo y a determinar la ubicación de los solares que mi representado dona también ocupará un  área de diez mil varas cuadradas fuera de la delineación del plano acompañado.”
(Ibídem).
La Dirección General de Obras Públicas aprueba las actuaciones planteadas en la respuesta a las observaciones planteadas. El Expediente sigue su curso y el Ministerio de Gobierno con fecha 11 de setiembre de 1877, da vista al Fiscal de Gobierno, quien cuatro días después eleva al Ministro de Gobierno, no encontrando inconvenientes para acceder a lo solicitado. Atento a lo informado, el 21 de setiembre de 1877, el Ministro Decreta:
“Con lo expuesto en este Expediente el Gobierno autoriza la creación del pueblo que proyecta el peticionante con el nombre de Santo Tomás de Aquino.”

 C) Los Nombres

I) La denominación de la zona

La toponimia regional ofrece distintas vertientes para explicar sus nombres. Así en muchos lugares el asentamiento de un primer poblador, da su nombre a un accidente geográfico, que luego se transmite a otros de la zona, sean arroyos, sierras, etc. Otro caso a tener en cuenta, es la presencia de un elemento geográfico, que comienza a caracterizar a la zona, por ejemplo: las piedras, por ser una zona con abundancia de piedras. Un tercer caso, se relaciona con la presencia de animales o especímenes, que por su abundancia comienzan a designar a la zona, pues distintos viajeros comienzan a reiterar tal denominación. En este rubro, es que encontramos el nombre de la zona donde se funda la población que venimos historiando. La misma se ubica a orillas del arroyo Mosquitos, que nace al pie de los cerros conocidos por ése mismo nombre.
“Investigando las diferentes posibilidades de explicación de tal nominación, llegamos a la siguiente conclusión:
Se trata de una razón de índole muy práctica, la zona estuvo plagada de insectos fundamentalmente dípteros. Es así que estando ubicada en el camino real a Maldonado, era muy frecuente la circunstancia de que carreros y pasajeros, o viajeros sorprendidos por la noche en la zona debieran aprestarse a pasar la noche en vela, dada la enorme cantidad de insectos que había. Se puede explicar tal azote considerando la topografía del terreno y la constitución del mismo. Si apreciamos la zona de Mosquitos veremos que se trata de una zona baja estando sus puntos de mayor altitud  situados alrededor de los veinte metros. A este detalle debemos adicionarle que la conformación del terreno es pantanosa, dándose entonces la conjunción de facetas de enorme importancia para determinar la existencia de un microclima apto para la vida y proliferación de insectos especialmente dípteros. Si bien en la actualidad, dicho azote ha ido desapareciendo por obra y gracia de la utilización de algunas formas de fumigación, no debe dudarse del acierto en la denominación de la zona. Nombre que data desde el siglo XVIII, según se ha podido constatar en documentos oficiales de la época.”
(Lic. Uruguay R. Vega Castillos; “La ciudad doctor Francisco Soca. Origen de su nombre actual. Historia de los anteriores”; Artículo en Boletín de la Biblioteca Artiguista, Año V, Nº 21, noviembre 1976, páginas 86 – 87)

II) Nombres Oficiales

a) El primer nombre oficial: “Santo Tomás de Aquino”

Con este nombre, el fundador Zenón Burgueño rinde homenaje a la memoria de su padre, el Coronel Tomás Burgueño. Así lo manifestaron en el trámite ante las autoridades estableciendo “gestione ante el superior gobierno la creación de un pueblo bajo la denominación de Santo Tomás de Aquino”.
(Expediente citado)

b) Soca

Hasta la designación oficial, la población a nivel popular era conocida como “Mosquitos”, y en las comunicaciones de las reparticiones públicas constaba como Santo Tomás de Aquino.
En 1928, “la sra. Luisa Blanco Acevedo de Soca, viuda del Dr. Francisco Soca, tramitó y obtuvo el cambio de nombre del pueblo en homenaje a su ilustre esposo, quien naciera en la margen derecha del arroyo Mosquitos. Por decreto de fecha 18 de abril de 1928 fue denominado con el nombre de Soca el pueblo conocido por Santo Tomás de Aquino y Mosquitos, de la 8ª sección del departamento de Canelones…”
(Aníbal Barrios Pintos; “Canelones su proyección en la Historia Nacional”, Tomo II, página 451)
A continuación presentamos una biografía del Doctor Francisco Soca.
El Doctor Francisco Soca nació en Mosquitos el 14 de julio de 1858. Fueron sus padres, los españoles, oriundos de Canarias Victorio Soca y Bárbara Barreto.
“Azares de las luchas “carlistas” obligaron a don Victorio a huir de su residencia en la Isla de Lanzarote, refugiándose en la de Fuenteventura, sitio desde el cual emigrara a la América del Sur”
(Doctores Fernando Herrera Ramos – Ruben Gorlero Bacigalupi; “Francisco Soca” en página Web “Generosomedina”)
La primera escuela a la que concurrió, fue un colegio privado. (Ibídem)
Posteriormente fue inscripto en escuela primaria de Jorge Lemoine.

“Durante estos primeros años de sus estudios sus padres pensaban dedicarlo a las tareas agrícolas, como lo hacía el resto de sus familiares. Un accidente fortuito vino a cambiar el rumbo de su destino; una hermana suya, viuda precozmente, se disponía a contraer segundas nupcias con el señor Francisco Cayafa, persona de una gran cultura, que impresionado por la vivacidad del niño, le hizo preparar para el examen de ingreso a universidad.”
(Ibídem)
Los estudios de Bachillerato, los realizó orientados a las ciencias y las letras, demostrando muy buen nivel de aprovechamiento.
Una vez terminados los estudios de bachillerato, se inscribió en la Facultad de Derecho, en un atisbo de vocación jurídica, que prontamente pasó a segundo plano, por un firme deseo de estudiar ciencias médicas.

“Aún sin finalizar el primer año escolar y contando con la ayuda económica de su tío materno Leandro Barreto se dirigió a España, consiguiendo que en Barcelona le fuera concedida una matrícula extraordinaria en las asignaturas correspondientes al primer grado de la carrera, en el mes de octubre de 1877. A los siete meses, y aún cuando no había conseguido revalidar su certificado de bachiller expedido por la universidad de Montevideo, se le permitió rendir examen obteniendo la clasificación de “notablemente aprovechada”.
(Ibídem)
En 1878, regresa a Uruguay, donde en virtud de los estudios efectuados se le permite continuar cursando segundo año de medicina. Al finalizar el año lectivo 1883, con una Tesis de Doctoración titulada “Historia de un caso de Ataxia” accede al título de Doctor en Medicina.
Comenzó a ejercer en Tacuarembó, donde tiene oportunidad de estudiar su primer caso de la “enfermedad de Friedreich”. Poco tiempo después, “el gobierno de Santos por decreto de 12 de mayo de 1884, lo eligió, juntamente  con los colegas doctores Joaquín de Salterain y Enrique Pouey, “por sus aptitudes intelectuales y su contracción”, para que se trasladaran a Europa a perfeccionar sus conocimientos y constituir luego el plantel de primeros profesores nacionales en nuestra facultad de medicina. Llevaba cada la asignación mensual de doscientos pesos oro y mil como viático.”
(Dr. José M. Fernández Saldaña; “Diccionario Uruguayo de Biografías 1810 – 1940”, página 1186)

“En París tuvo oportunidad de conocer y admirar directamente, siguiendo sus clases, a la poderosa conjunción de celebridades que enseñaban en aquel medio, recomenzando su carrera médica, cursando la totalidad de los programas establecidos por la célebre facultad de medicina de París.
Si en nuestra ciudad había llegado a la culminación de sus estudios, luego de recibir las lecciones de los más renombrados profesores de la primera época de nuestra casa de estudios médicos, Leopold, Pugnalin, Serratosa, no podemos dejar de reconocer, sin menospreciar a éstos, la diferente capacitación que debió obtener en un ambiente con más  experiencia y medios, bajo el contralor del cuerpo docente que actuaba por entonces en la varias veces centenaria facultad de París, consideraba de manera indiscutible como el primer centro de formación médica del mundo.
Cadet de Gassicourt, Jules Simón, Hutinel, en pediatría, Potain, en el Hospital Necker, en cardiología, le abren las puertas de un mundo científico no avizorado hasta entonces, escenario que llega a su máximo esplendor al visitar y concurrir a las clases de Charcot, desde la escuela de neurología del Hospital de la Salpêtrière. Aquí vive Soca sus más amplias satisfacciones.”
(Ibídem)
La formación que en París va adquiriendo, resulta naturalmente impregnada por el espíritu francés y la gran revolución de la medicina que se estaba experimentando desde 1850 en adelante. Sus actividades parisinas, mostraban una orientación hacia la pediatría.
“Las enseñanzas de los afamados maestros de “Les enfants malades”, se volcaron en sus primeras producciones científicas:”tratamiento de la pleuresía purulenta en el niño”; “Auscultación del corazón, ruido de galope y algunos progresos de la semiología cardíaca” y “los soplos inorgánicos de la punta del corazón en el niño.”
(Ibídem)
Sin embargo la primigenia orientación hacia la medicina infantil, es efímera. Su inquietud intelectual, sin embargo resulta deslumbrada por un científico que comenzaba a despertar gran interés en los medios científicos: el Profesor Jean Martin Charcot. Dicho investigador desde la cátedra en el Hospital Salpêtrière estaba realizando una excepcional obra docente. A tal punto, que sin lugar a dudas llegó a ser el médico de mayor prestigio de ésa institución.
Soca se sintió fascinado por la personalidad y excentricidades del Profesor Charcot.
 “Charcot llegaba todas las mañanas al servicio con su imponente severidad, y tendía dos dedos de su mano al jefe de clínicas, y un dedo a cada uno de sus internos, mientras enviaba una mirada circular despreciativa sobre el resto de los presentes, y una vaga sonrisa a sus colegas extranjeros.”
(Antonio Calvo Rubal;”El internado de París: Su origen en el siglo XIX y su acción formativa, a 200 años de su creación”, En página Web www.neurocirugia.com
Como resultado de esa influencia, la tesis realizada bajo la tutoría del mismo Profesor Charcot se tituló “La Enfermedad de Friedreich” y se transformará en un material de gran valor, al decir del Profesor Pierre Marie, en la Academia de Medicina de París: “que constituye un monumento intangible, imperecedero, gloria de la ciencia francesa y de la América Latina.”
(Herrera Ramos – Gorlero Bacigalupi; Artículo citado)
La figura del Profesor Charcot, es homenajeada en el Nomenclator de Montevideo. En efecto, una calle en el Barrio Lavalleja, lleva su nombre.
Volviendo al Doctor Soca el trabajo presentado en 1888, en París fue considerado un estudio imprescindible para iniciarse en el estudio de esta afección. Se emplearon términos tales como “Ley de Soca o Ley de la Edad en la enfermedad de Friedreich” para distinguir al hecho estudiado. Vuelto al país, se instala en Tacuarembó, donde se desempeña como médico de policía. Poco tiempo después, se traslada a Montevideo. En la capital despliega todas sus condiciones y su elevado nivel de preparación técnica. Los Doctores Herrera Ramos y Gorlero Bacigalupi señalan que la presencia de este joven médico, planteará el enfrentamiento entre las distintas escuelas de medicina, la francesa y las española e italiana.
El joven Soca, va a sufrir un cambio sustancial, deja de ser una persona apocada, suave para transformarse en un hombre apasionado, implacable en su lucha, severo a la hora de juzgar errores ajenos, violento al momento de polemizar llegando a niveles impresionantes.
En 1889, se le designa profesor de patología médica. Tal nombramiento lo destaca en el ambiente de la ciencia a nivel nacional. Cuando asume su cátedra, dijo:
 “Hay dos clases de experiencia, la estéril y la fecunda. Hay hombres que han ejercido veinte años y si son más hábiles comediantes son peores médicos al fin que al principio de su larga práctica. Es la experiencia útil aquella que exige dos cualidades en un grado elevado: instrucción vasta, sólida, segura, y potentes cualidades de observador”
(Ibídem)
Poco tiempo después es designado médico del Hospital Vilardebó, cargo al que se aproxima con la intención de convertir el servicio hospitalario en un servicio de características similares al Hospital Salpêtriére, procurando aplicar los conocimientos que le han brindado dos eminentes docentes Gilbert Ballet y Zichen, quienes le relacionaron con los temas sobre el estudio de la mente y los desequilibrios síquicos del hombre.
Durante este período, abunda en la publicación de estudios científicos, sobre una variada gama de enfermedades tanto del tracto digestivo, cardíacas, piel, tracto respiratorio, etc.
En 1892, es establece la cátedra de niños y el Doctor Soca en Encargado de la misma. De esta manera es el primer Profesor de clínica infantil. El nombramiento del Doctor Soca, representa el concepto que estaba en boga en los círculos médicos, en cuanto a que las enfermedades infantiles debían ser consideradas en la órbita de los especialistas en obstetricia. Se entendía que la preparación elemental que se podía adquirir en las patologías de esas edades, correspondían a las clínicas de mujeres y de partos.
“Cuando el niño crecía, se le consideraba, desde el punto de vista de sus dolencias, como un adulto en pequeño y es quizá esa manera de pensar y encarar las cosas, la que debió haber impulsado a las autoridades de nuestra facultad, para encargar al Dr. Soca, cuyas condiciones de eminente clínico eran unánimemente reconocidas, para dictar los cursos de medicina infantil.”
(Herrera Ramos – Gorlero Bacigalupi; Artículo citado en página Web “generosomedina”)
Al ocupar esta cátedra el Doctor Soca comprendió claramente  que tenía que instrumentar su estructura. En este sentido, le dirige al Rector de la Universidad Doctor Alfredo Vázquez Acevedo una nota donde señala que el honor que se le tributa es nominal sino se le dan los medios para desarrollar una verdadera clínica, dotándola de una sala, un gabinete de consultas y un asilo donde puedan mostrarse al alumnado niños enfermos. Y agregaba: “La ciencia del niño enfermo es una de las más interesantes, de las más útiles de la medicina general, y en todas partes se le concede una atención y preferencias no dudosas; pero en un país como el nuestro, la cuestión se eleva y alcanza las proporciones de un formidable problema social. En efecto, el mal de nuestra patria, el mal de los males, la fuente y el sostén de todas nuestras desdichas y de nuestra dolorosa situación presente es la escasez de la población. Y en un país en que la población es el primero de los problemas sociales y la escasez de ciudadanos o trabajadores, el más grande de los males, es semejante país las cuestiones que se refieren al niño, a la base de la población, ¿podrían no ser las primeras, las más fundamentales de todas las cuestiones? El estudio del niño enfermo, el estudio de conservar sus vidas, de aumentar la población de una manera más o menos directa ¿podría no estar a la cabeza de los problemas de una higiene y de una medicina racional y patrióticamente concebidas?”
(Ibídem)
Pero el Doctor Soca, seguía apasionado por la medicina del adulto y en el año 1896 se le confiere la titularidad de ésa cátedra instalada en las Salas Argerich y San José del Hospital de Caridad. Cátedra que mantiene hasta su fallecimiento en 1922.
La llegada del Doctor Soca a esta cátedra, marca el momento más esplendoroso de su carrera. El Profesor Soca, se transforma en el alma Mater de la llamada “Escuela Argerich”. Sus alumnos en una actitud de reconocimiento, intentaron que se conociera como “Escuela Soca”, en homenaje a quien fuera su guía y permanente maestro. El Centro Médico donde actúa Soca se vuelca a una aplicación plena de la escuela francesa, que reivindicaba la práctica por encima de las teorías, siguiendo una máxima  muy en uso entonces “las teorías pasan, pero los hechos quedan.”
El Doctor Soca fundó sus clases en un notable sentido clínico, resultado de una armónica interacción, donde confluyen un espíritu analítico, capaz de detectar el menor detalle semiológico, con una capacidad de síntesis para arribar a una conclusión, y una enorme capacidad de razonamiento para llegar a establecer la verdad clínica.
Entonces se mostraba cauto y reflexivo para formular un diagnóstico, pero una vez logrado se transformaba, manifestando imaginación y audacia, desplegando sus grandes dotes de maestro.
Al celebrarse la 5ª Velada Literario musical de la Facultad de Medicina el 2 de setiembre de 1916, el Doctor Soca diserta una pieza literaria de excepcionales características “el médico”. Una brillante producción que contiene un mensaje de esperanza para futuras generaciones. En la misma plantea lo que Soca estima debe ser una rígida ética médica. Allí se enuncian los deberes y obligaciones de quienes van a abrazar una profesión que exige una férrea voluntad y una conciencia muy estricta tanto en el decir como en el hacer.
“Escribía uno de sus biógrafos, el doctor Solís Otero y Roca, “que sus discípulos no sabían qué admirar más: si su ciencia amplia y profunda que abarcaba todos los sectores de la patología médica; si su experiencia clínica basada en el estudio de la realidad vivida en millares de enfermos; si su intuición poderosa, que le permitía internarse con paso firme en el laberinto de los más intrincados problemas clínicos, si su certero “ojo clínico” para el diagnóstico; si su arte soberano en la expresión tanto oral como escrita, de su pensamiento.”
(Ibídem)
Al mismo tiempo que desarrolla su actividad como médico, y como docente universitario, el Doctor Soca participa de la actividad política a partir del año 1891, “cuando el presidente Herrera y Obes prestigió su candidatura a diputado por Durazno, deseoso de incorporar al Parlamento elementos de capacidad profesional que el adelanto del país hacía necesarios, hasta finalizar en 1913 como senador por Rivera, que fue su último destino electivo.”
(Dr. José Ma. Fernández Saldaña; “Diccionario Uruguayo de Biografías 1810 – 1940”, página 1186)
En el ámbito científico internacional en 1917 resultó elegido para integrar como asociado extranjero la Academia de Medicina de París. Mientras  tanto a nivel nacional en el mismo año es designado Profesor Honorario de la Facultad de Medicina.
Fue distinguido por sus colegas alcanzando la máxima distinción de la Universidad. En efecto, desempeñó el rectorado en el bienio 1907 – 1908.
El día 29 de marzo de 1922, falleció.
“Murió trabajando puesto que el día en que le arrebatara la muerte, había dictado su diaria lección en su aula del Hospital Maciel. Esa fue su última clase en la cátedra, pero no de su vida, pues esa misma noche, en su lecho de muerte, se incorporó serenamente y dirigiéndose a uno de sus más allegados colaboradores, con voz pausada y serena, refirió los síntomas que sentía, discutiendo el diagnóstico, indicando la terapia más conveniente y afirmando estoicamente el pronóstico fatal.”
(Ibídem)
Su fallecimiento dio lugar a múltiples manifestaciones de pesar. En el seno del  Consejo Nacional de Administración al referirse a su deceso, se señaló:
“…médico eminente en el más alto significado de la palabra y político distinguido, el Dr. Soca, ocupó las más altas dignidades del país; diputado, senador, rector de la universidad, constituyente, consejero nacional, y profesor de la Facultad de Medicina, poseído totalmente de la ambición honrada de entregar a los demás los secretos de su ciencia, envueltos en la elegancia inimitable de su arte del buen decir, y por fin miembro de la Academia de Medicina de París, el Dr. Soca ha dado a la república lo mejor  de su inteligencia, poniendo a su servicio  las dotes extraordinarias de su  cerebro y su corazón…”
(citado por Herrera Ramos – Gorlero Bacigalupi; artículo citado)

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1 comentario

cinthia costa -

gracias por esta informacion. muy buena!!!
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